TRANS*forma la forma, una obra fotográfica y literaria de Pedro Gandía

 
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TRANS*forma la forma

-PerFORMAnce “Travelo”-

Por PEDRO GANDÍA

www.Pedro-Gandia-com 

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Transitividad. Versión excéntrica de la corporalidad ―la verdad de los cuerpos: diversos, trasdiversos―. Corporalidad siempre en construcción: hacer y deshacer los cuerpos como estructuras en una transición perpetua. El cuerpo como lugar de la invención, la imaginación. Más allá del cuerpo.

Performance “travelo” (rehabilitado el insulto y convertido en afirmación identitaria). Puesta en escena de apariencias ―inestables, subversivas―. O juego “no correcto” de roles, de letras: “TTT” (transexuales, transgénero, travestis). Juego-protesta que cuestiona la naturaleza de la realidad misma, que la repiensa ―la verdadera realidad solo está en los sueños―. Protesta contra una identidad normativa generada por el sistema (genealogía de poder), que potencia el control social, clasifica y regula el comportamiento humano. Por una ruptura del flujo ideológico, de las falsas estructuras profundas, de las jerarquías y las normas de género. Deconstrucción del género ―contra la dicotomía del mismo, por un futuro sin género―; deconstrucción del sexo, de la moralidad sexual, por una transestética. Y reconstrucción del cuerpo mutante. Reformulación. Hacia una transformación social, de no-poder, un pensamiento de formas nuevas y diferentes, un nuevo discurso de identidad.

 

LIMINAR

Como praxis vital y herramienta político-social, el arte de TRAVELO ―“travestido”, del argot francés― cumple una función transgresora, de desvío. La de violentar los códigos culturales imperantes, los de un destructivo sistema patriarcal machista. Y deconstruir (“joder”) los estándares de género, obsoleta invención social. Proyecto en favor de la alteridad y la diferencia, una nueva y múltiple expresión de la feminidad y la masculinidad, por una visión más plural de la realidad. Y en contra de los cánones heterosexistas y fálicos de la ideología dominante: contra sus leyes moralistas, sus etiquetas uniformadoras, el dogmatismo conceptual de sus políticas identitarias, su normativa sexual.

Pero también el arte del travestismo, heraclítea teoría de la identidad en la contradicción, deviene mágico ritual de transición en que se deshace el género ―los andróginos Tiresias, Diónyssos o el Heraclés vestido con las ropas de Onfalia, Reina de Lidia―. Metamorfosis cósmica, resuelta armónicamente en lo divino.
Aquí, el bello referente ―la belleza efímera del muchacho como poder subversivo, trasgresor―, de diferentes países y culturas, o el Spectrum que diría Barthes, juega a transformarse, en constante creatividad, mediante la indumentaria o atuendo que, supuestamente, no le corresponde llevar en consonancia con su cultura o con el género social impuesto.

Cuerpo como sujeto fetichizado por el propio juego, juego de máscaras; el mundo, una inmensa mascarada. Objeto de deseo de una realidad metamorfoseada, una sociedad mestiza y multicultural, con una nueva relación de los seres humanos, donde no tienen cabida el racismo, la xenofobia y el odio a la diferencia.

 

DISCURSUS

La mujer llevará vestido de hombre y el hombre vestido de mujer y quien hiciera tal cosa merecerá la aprobación de yahvé: mobilis in mobili: el espíritu es una cosa que cambia: truco por sustitución: todo vuelve a su lugar.

 

EPÍLOGO

En la Europa actual, las políticas bipartidistas, duales, excluyen la pluralidad, la diferencia, igualan y masifican y son el germen de la intolerancia. Aunque parezca extraño ―señala Freud en Moisés y la religión monoteísta― la intolerancia de las masas se manifiesta más intensamente frente a las pequeñas diferencias que ante las fundamentales. Esa escasa diferencia nos aboca sin remedio a los más detestables “ismos” ―racismo, clasismo, sexismo, fundamentalismo… al fascismo, en suma―, del mismo modo que, irremediablemente, la mucha diferencia nos alejaría de ellos.

De utopía (pastiche barthesiano, impuro, lo propio de la escritura blanca, su grado cero, satori). O mejor, desde la atopía, mi <<habitáculo a la deriva>>: Imagino una sociedad con una política pluralizadora que haga hincapié en la diferencia. Una sociedad infinitamente parcelada, de divisiones no sociales, es decir, no conflictivas. Un mundo donde no habría sino diversidad, de modo que diferenciarse ya no significaría exclusión. Un mundo donde lo natural (lo legal) sería paradójicamente lo minoritario, lo marginal; y la naturalidad, los inconformismos públicos.

 

TRANSforma la forma, revista  gay LOEV MAgazine

 

autor PEDRO GANDÍA

Pedro Gandía (Cuenca, 1953). Artista multidisciplinar. Licenciado en Filología Hispánica por la Universidad de Valencia, cursó a su vez estudios en el Conservatorio Superior de Música y de Cerámica y Modelado en la Escuela de Artes y Oficios Artísticos de dicha ciudad. Sus estancias en París, entre 1974 y 1976, marcaron su educación literaria. En las últimas décadas del siglo XX, realizó su obra pictórica y escultórica, para centrarse luego en la fotografía y el videoarte. Compagina la creación artística con la literaria. Ha sido también profesor de literatura, marchante de arte y director de las colecciones “Jade”, de narrativa y poesía, del Instituto de Estudios Modernistas. Es autor de los poemarios: Sábana Blanca – Sábana Negra (1973), Cacería (1983), Tríptico del Tiempo, la Belleza y la Muerte (1983), Columnata (1990), Amuatar (1992), Bajo una luz antigua (1993) -poemas en prosa-, Helixs ―en catalán, Premi Josep Maria Ribelles― (1998), El perfume de la pantera (1999), Acrópolis ―Premio Internacional de Poesía Hermanos Argensola― (2011), Luz Negra (2014) y Estrella de Oro (2018). Ha publicado las novelas Burdel (2000) y La Habana y después (2011). Y ha traducido, entre otros, a Oscar Wilde, Théophile Gautier, Charles Baudelaire, Gérard de Nerval, Eugénio de Andrade, Sandro Penna y Paul Valéry.

 

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