Stop a la atrocidad de terapias de reversión !

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La pasada semana presencié en distintos programas de televisión y en redes sociales, una manifestación flagrante de la homofobia estatalizada: un representante de Vox por Albacete publicaba en redes, y refrendaba en una entrevista que: “Si mi hijo dijera que es gay, trataría de ayudarle. Hay terapias para reconducir su psicología”. Esta declaración de Fernando Paz, no tiene desperdicio: en primer lugar, que una persona de la política, una persona pública que opta a un cargo público, no puede hacer apología de la homofobia estatalizada. El propio Estado a través de sus representantes no puede, ni debe, legitimar la discriminación y el odio hacia parte de su población. Esto nos pone en el camino de Chechenia, donde ya existe una “purga” contra el colectivo LGTBI que debería declararse delito de lesa humanidad. En segundo lugar, esa declaración está avalando las, tristemente famosas, terapias de reversión, con las que se pretende “curar” la homosexualidad. Dejemos las cosas claras: la homosexualidad NO es una enfermedad. Históricamente fue catalogada hasta como un trastorno de la personalidad, pero, esos tiempos ya han sido superados desde todos los puntos de vista. Organizaciones como la APA (American Psychologist Association) y la OMS han eliminado la calificación nosológica de la homosexualidad. Partiendo de esta premisa, la conclusión es lógica y acertada, las terapias de reversión no realizan ninguna función sana. Son una especie de tortura y manipulación psicológica donde quienes las sufren pueden acabar traumatizados, incluso destruidos en su identidad, en su personalidad y, en resumen, en su vida.

Se ha luchado mucho por y para la desarmarización de las personas LGTBI, por la visibilidad, por la igualdad entre todos los géneros, por la libertad de que cada persona pueda amar a quien quiera, para que ahora, “señores” que, por su presencia pública pueden influir en mucha gente, vayan diciendo estupideces de este calado que choca frontalmente con cualquier definición de Derechos Humanos.

Las terapias de reversión, incluyendo “campamentos” de reversión, son una crueldad basada en imponer conductas tan bizarras como: prohibir a los hombres gay hablar con mujeres para evitar que puedan “afeminarse”, obligarles a tomar viagra para forzar relaciones heterosexuales, generar aversión psicológica a su propia orientación sexual, realizar intervenciones y reclusiones psiquiátricas, etc.

Todo esto solo tiene dos caminos de resolución: o bien la persona “construye” una heterosexualidad forzada, no sentida y totalmente disonante, lo que conlleva traumatización, agotamiento emocional, depresión o incluso ideaciones suicidas, o bien la persona llega a sentir tanta aversión por sí misma, que puede entrar directamente en depresión y en ideación suicida. Ambos caminos nos llevarían al mismo resultado: que la persona valore la muerte como la mejor solución ante un problema, que por cierto, nunca tuvo.

Esta atrocidad está castigada con multas en muchos países por mala praxis. En el caso de la Ley Valenciana LGTBI, se castiga con 120.000 euros a quienes ofrezcan y practiquen este tipo de terapias. Por el contrario, Brasil que hasta la semana pasada prohibía estas terapias, las ha vuelto a legitimar, lo que supone un gran paso atrás, igualmente ocurre en Rusia.

Partiendo de todos estos argumentos: terapias que son evidentemente atentatorias contra la salud y contra los Derechos humanos, terapias que son castigadas con multas debido a su calificación como mala praxis (con lo cual ilegales o al menos ilegítimas), terapias que pueden conducir al suicidio a quienes las padecen y la unanimidad científica en la afirmación de que la homosexualidad NO es una enfermedad, hacen que declaraciones incendiarias, sin sentido y que hacen apología de conductas homofóbicas, no deban permitirse.

Y lo peor, si aún cabe algo peor, es que este “señor” tenga la frialdad de decir que esto “ayuda” a alguien. Por los argumentos expuestos, queda suficientemente justificado que una terapia de reversión jamás va a ayudar a nadie. Lo único que ayuda a cualquier persona es la empatía, la aceptación, la visibilidad, la igualdad y el respeto. Esto es lo que necesita cualquier ser humano para vivir en paz consigo mismo y de forma sana y completa.

Vivir de verdad es un derecho fundamental de todos los seres humanos.

 

por MAR ORTÍZ FERNÁNDEZ (Psicóloga y Activista por los DD.HH.)

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Revista LOEV dirigida al público gay (LGBT), perteneciente a la consultora gay Grupo EGF

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