Sexo Consentido y Con Sentido

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La actividad sexual forma parte del desarrollo de las personas y ayuda a tener una vida completa y sana. No obstante, y siempre partiendo de la anterior premisa, no debemos olvidar que esta actividad, progresivamente ha salido del ámbito de la intimidad para ser algo mucho más social, más público y por tanto, mucho más permeable a influencias sociales.

Esta mayor proyección exterior de la sexualidad, no es negativa como punto de partida: hay más información, se ha desvinculado de creencias religiosas y conceptos de pecado para convertirse en lo que realmente es, una faceta más de la vida humana, una expresión de nuestra naturaleza y en un acto de comunicación e intimidad. Se puede hablar de estos temas de forma más abierta, lo que facilita una mayor comprensión de la complejidad físico-emocional de los intercambios sexuales, etc.

Pero, este aperturismo también conlleva un lado negativo bastante complejo: por una parte esta socialización de la sexualidad en el ámbito de los adolescentes ha dado lugar a una hipersexualización de los niños y niñas que no solo empiezan a tener sus primeras experiencias sexuales a edades cada vez más tempranas sino que ha incrementado la presión de grupo en una disparatada “carrera” por ver quién acumula más experiencias y más encuentros en menos tiempo. La hipersexualización tiene graves consecuencias: desde un punto de vista psicológico, cuando un preadolescente de 13 o 14 años (edades en las que actualmente se están datando las primeras experiencias sexuales) puede que físicamente estén más o menos preparados, ya que biológicamente los cuerpos se están desarrollando y también se desarrolla el instinto sexual, pero, (y este “pero” es muy importante) emocionalmente no lo están. Pensemos que a esas edades por diversas influencias (medios de comunicación, cine, comentarios de otros iguales) tienen expectativas muy altas con respecto al resultado de esa primera interacción sexual, pero lo normal  es que esas expectativas no se cumplan y la experiencia salga bastante mal (por la inexperiencia, por el desconocimiento del cuerpo del otro, por la falta de comunicación y por las altas expectativas). En este escenario, si no se está preparado emocionalmente para aceptar este hecho e incluso, tomarlo con humor, puede ser una experiencia altamente traumática que desarrollará sus efectos a largo plazo. Imaginemos que el chico que se acuesta por primera vez con alguien, no sale bien, y su compañero/a de ese encuentro le reprocha su “inutilidad”, se ríe de él o algo parecido. No olvidemos que estamos en una sociedad con una gran herencia patriarcal y por qué no decirlo, penecéntrica, esto significa que histórica y socialmente la autoestima de un hombre (en las mujeres es diferente) se sitúa en su “eficiencia” sexual. Pues bien, si este chico de nuestro ejemplo sufre la situación descrita, tenemos una experiencia traumática que puede desencadenar posteriormente en problemas físicos: problemas de mantenimiento de la erección, eyaculación precoz o adicción al sexo en una loca carrera por mejorar sus habilidades. Todo esto da como resultado una vida sexual totalmente insana, mucha frustración y en definitiva un trastorno físico y emocional.

Por otra parte, la presión de grupo a favor de encuentros sexuales abundantes y a temprana edad, dirigida por parte de los iguales hacia los miembros de un grupo social, puede hacerse tan insostenible que ralle en el bulling. Lo que, para la persona que lo sufre, significa una pérdida de autoestima, sufrimiento si decide no ceder a la presión, ya que el acoso puede verse incrementado, lo que al final dará como resultado la toma de malas decisiones.

Otro de los aspectos negativos de este aperturismo sexual, es una gran contradicción. Cuanta más información disponible hay, más conductas de riesgo se producen. En teoría debería ser al contrario, pero no lo es. En los 80 cuando surgió el virus del VIH, y a lo largo de la década posterior, se hicieron campañas públicas de concienciación, se “educaba” a la gente sobre los riesgos de determinadas relaciones sexuales y cómo prevenirlas de forma sencilla y segura. Todos recordaremos aquello del “póntelo, pónselo”. Sin embargo desde mediados de los 90, todas estas campañas cayeron en el olvido, generando una flexibilidad social sobre los riesgos de las enfermedades de transmisión sexual. La gente se relaja con esos temas, no se aprecian los riesgos como algo real (sobre todo entre los más jóvenes), y algo tan natural y normalizado como la utilización del preservativo ha cedido el paso a una especie de juego de la ruleta rusa de las ETS que ha disparado las cifras en los últimos años.

Veamos algunas de las cifras relacionadas con el VIH:

– La incidencia del virus mueve cifras de entre 130.000 y 160.000 personas que viven con VIH, de las que más del 20 % no está diagnosticada.

– Hasta el 30 de junio de 2016 se han notificado 3.428 nuevos diagnósticos y se estima que la tasa es de 9,44 por 100.000 habitantes.

– La tasa de los nuevos diagnósticos de VIH en España son superiores a la media de los países de la UE y de Europa Occidental.

– Los hombres suponen el 85,9 % de los nuevos diagnósticos.

– La mayoría de los nuevos diagnósticos se encuentran entre los 30 y 39 años.

– El 11 %  de los nuevos casos diagnosticados tienen entre 15 y 24 años y el 14,4 %, 50 años o más. Cifras de incidencia elevadas en ambos extremos de la curva poblacional.

– Un 46,5 % de los nuevos diagnósticos en 2015 se realizaron de forma tardía y el grupo que presenta mayor proporción es el de hombres heterosexuales (63,1 %).

– El retraso en la detección del virus aumenta con la edad llegando a un 63,2% en los mayores de 50 años.

– La vía de transmisión más frecuente es la sexual: 79 % de los casos, de los que el 53,6 % corresponden a hombres que mantienen relaciones con hombres.

Las cifras hablan por sí mismas y ponen de manifiesto esta contradicción que indicaba anteriormente: estamos en un momento en el que la información fluye con más velocidad y más calidad y sin embargo hay un gran retroceso en la percepción del riesgo, relajando mucho la responsabilidad en los intercambios sexuales. Y estas cifras solo hablan del VIH, a las que habría que añadir el resto de las ETS: gonorrea, sífilis, neurosífilis…

Es un gran problema de salud pública.

Si a todo esto añadimos, el Sexting, las ChemSex, Swingers, etc.. se refuerza esta idea de una vida sexual mucho más pública y más permeable a conductas de riesgo. Y en este punto es donde cobra sentido el título de este artículo: el sexo entre adultos no solo tiene que ser consentido, sino que ha de hacerse con sentido. Con sentido de responsabilidad, Con sentido de seguridad, Con sentido de saber hasta dónde está dispuesto uno/a a llegar, Consintiendo lo que uno/a quiere y no consintiendo lo que no quiere, independientemente de presiones sociales externas. Ya que, aunque estemos viviendo una era de exteriorización de la sexualidad, no debemos olvidar que cada persona es dueña de su propio cuerpo y de sus propias emociones, y finalmente las personas acaban viviendo consigo mismas, con sus decisiones y sus consecuencias y la sociedad no va a hacerse cargo de esas decisiones personales ni de sus consecuencias. Somos dueños de nuestra propia existencia y ello supone que todas nuestras facetas como seres humanos también son nuestras. Y de nuestra responsabilidad y de nuestro sentido depende que podamos construir una existencia plena y sana.

Por ello en algo tan esencial al ser humano como es la sexualidad y su ejercicio, debemos asumir mucha responsabilidad, mucho sentido y ser muy consecuentes con nosotros mismos. Al fin y al cabo, nos va la salud y la integridad emocional en ello.

por MAR ORTÍZ FERNÁNDEZ

Psicóloga. Activista de los DDHH

 

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