Reflexiones al Anteproyecto Ley Valenciana por la Igualdad LGTBI

Revista LOEV / Editado por REVISTAS 4U / por Mar Ortíz

 

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El pasado mes de abril, el Consell de la Comunidad Valenciana aprobó el Anteproyecto de la ley Valenciana para la Igualdad de personas Lesbianas, Gais, Trans, Bisexuales e Intersexuales, siendo la primera norma española que regula este tema de forma efectiva, y que contempla medidas específicas de apoyo a la visibilidad y la sensibilización social sobre la existencia de cuerpos no binarios.

Aunque todavía se trata de un anteproyecto de ley, lo que supone que aún quedan trámites legales y parlamentarios para que se constituya finalmente como ley, estamos ante un paso importante en el lento y espinoso camino hacia la igualdad real entre géneros, que ya empezó con la ley del matrimonio homosexual allá por el 2005.

En el caso del anteproyecto de la ley valenciana, Mónica Oltra ha indicado que esta nueva ley supone un paso más hacia adelante, no solo en el papel, sino en el reto de la diversidad social y en la igualdad “real y efectiva”, pues reconoce el derecho de estas personas a la “no discriminación”, y establece condiciones para su participación en todos los ámbitos sociales, superando estereotipos y consiguiendo una sociedad “más justa y más libre”.

Y esperemos que esto sea realmente así. Que se haya articulado una ley encaminada hacia una igualdad “real y efectiva”, con los mecanismos jurídicos necesarios que garanticen tal igualdad.

Que la ley vaya a conseguir superar estereotipos, eso es harina de otro costal. Porque los estereotipos son producto de la sociedad, de la conciencia colectiva y en definitiva de la educación. Sin educación en el respeto a la diversidad, no se va a conseguir tumbar los estereotipos sociales.

Una ley de este corte, es más que necesaria. Pero también es necesario que se articule un sistema educativo basado en el respeto y en la libertad, en valores sociales superiores que garanticen dicha libertad y la paz social. Y eso no lo va a conseguir esta ley. Ni esta ni ninguna. Porque al final, la sociedad está formada por personas, y a esas personas son las que hay que educar y modelar para que a su vez, sean capaces de transmitir esos valores de respeto, diversidad, igualdad y visibilidad a las futuras generaciones.

No obstante por algún lado hay que comenzar, y contar con una regulación, aunque sea de Comunidad Autónoma (lo deseable sería que fuera una ley estatal), no es un mal paso adelante.

Una de las cosas más interesantes e importantes de este anteproyecto es que se prohibirá el uso de métodos, programas o terapias de aversión destinados a modificar la orientación sexual, identidad o expresión de género de las personas y para ello establecerá que pueden llegar a considerarse como una infracción muy grave, lo que puede llevar aparejado sanciones de hasta 45.000 euros.

Esto es una de las cosas, insisto, más importantes de esta nueva regulación. Desde la Psicología, que pseudo terapeutas se presenten como “curanderos” de la homosexualidad, vista como una desviación o algo pernicioso para la salud de las personas, nos parece una auténtica aberración. Esos pseudo terapeutas ni son psicólogos ni son nada. Son vendedores de humo que están jugando con la salud mental de muchas personas que pueden acabar muy mal si se ponen en sus manos.

La homosexualidad no se puede curar, sencillamente porque no es una enfermedad, ni un trastorno, ni una desviación, ni una locura transitoria. Es una condición sexual tan legítima como la heterosexual. Una condición sexual que cada persona libremente ejerce. Una condición sexual dirigida hacia a quién se prefiere amar. Ni más ni menos.

Tratar de “curar” la homosexualidad resulta tan absurdo como quien quisiera “curar” a una persona de 1,90 metros, de su altura: “No se preocupe, es usted alto, pero eso tiene cura”. Así de absurdo resulta con la altura y así de absurdo es con la homosexualidad.

Estos pseudo terapeutas lo único que están haciendo es perpetuar los estereotipos sociales homofóbicos así como la estigmatización social, generando un problema donde no lo hay, y encima, haciendo como que traen la solución a tal problema. Esto es deleznable. Va en contra de toda ética y del sentido común.

Por ello, me parece de gran ayuda que una ley prohíba y castigue estas prácticas, que no están basadas en ningún criterio científico y que solo juegan con la psique de las personas creándoles más perjuicios que otra cosa.

Insisto, desde la ciencia de la Psicología, porque recordemos que los psicólogos nos hemos formado en ciencia, no somos ni curanderos, ni hacemos milagros, se defiende desde hace mucho tiempo que la homosexualidad, la bisexualidad, la transexualidad no son ningún tipo de enfermedad ni de trastorno. No es algo que la persona adquirió por ir “por mal camino”. Es una condición, tan lícita y tan sana como cualquier otra. Y eso es lo que la sociedad debe interiorizar e incorporar a la conciencia colectiva. Y cualquiera que se presente como “curandero” de estas situaciones debe ser penado, porque las consecuencias de sus “terapias” pueden ser desastrosas para una persona que en un momento dado tenga dudas sobre su identidad de género.

Si alguna persona se encuentra con esas dudas en cuanto a su identidad de género, debe consultar con un profesional de la Psicología, pero un profesional de verdad, que le ayudará en su proceso de autodescubrimiento y que en ningún momento le privará de su libre albedrío ni coartará el desarrollo óptimo y pleno de su personalidad. Los que amamos esta bella profesión, y nos preocupamos por el desarrollo íntegro de las personas, cuidamos de ellas y buscamos siempre el bienestar de nuestros pacientes. No nos metan a todos en el mismo saco. Huyan de los “iluminados” que crean problemas, que no aportan soluciones y que no les importa el daño que puedan ocasionar. Ahora tendremos una ley que nos ayudará contra este intrusismo profesional y sobre todo, ayudará a salvaguardar la integridad mental de las personas.

por MAR ORTÍZ
(Psicóloga y Activista por los DD.HH.) 

 

Revista LOEV dirigida al público gay (LGBT), perteneciente a la consultora gay Grupo EGF

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