Orgullo y Familia: Recodar el pasado, crear el futuro

Revista LOEV /por Mar Ortiz / Editado por REVISTAS 4U 

 

VERSIÓN FORMATO REVISTA

Para leer LOEV Magazine en formato REVISTA A PANTALLA COMPLETA haz click en el FULLSCREEN, recuadro ubicado en la parte inferior derecha de la imagen. 

 


  

VERSIÓN FORMATO WEB EN TEXTO PLANO 

La historia es conocida.

El 28 de junio de 1969 los clientes del Stonewall Inn desafiaron el acoso policial, desencadenando días de disturbios. Su resistencia dio origen a un movimiento mundial en pos de la igualdad.

Fue hace 50 años.

A lo largo de este verano, ciudades de los cinco continentes han celebrado el Orgullo y rendido tributo a aquellos días y a quienes, desde entonces, se han dejado piel y alma defendiendo derechos propios y ajenos.

El tránsito del niño que fui al hombre que soy no habría sido el mismo sin el movimiento que se inició alrededor de aquel bar neoyorquino.

Fui el niño obligado a cantar el “cara al sol”, brazo en alto, formado en el patio de la escuela; el que en los recreos removía el caldero de leche en polvo, enviada por la Ayuda Social Americana; el que corría aventando perdices para que Franco las cazase sin mayor esfuerzo.

Soy el padre, el hombre, el amante, el gay que, en el Orgullo, camina junto a su marido y su hijo, y otras muchas familias, recorriendo las calles de Madrid con la cabeza alta. Muy alta.

El lema del Orgullo 2019 ha sido “Mayores sin armarios. ¡Historia, lucha y memoria!“. Una frase que resume estos 50 años y que aplaudo, por supuesto. Pero… Pero prefiero el lema que ha exhibido el Orgullo de Ámsterdam: “Recordar el pasado, crear el futuro“.

Sé de dónde vengo y sé en dónde estoy. Pero, como padre, no puedo dejar de otear el horizonte para ver a dónde voy.

Entre la clase política, de derechas y de izquierdas, existe el ansia constante de controlar los derechos de los otros. Cuestiones de raza, anatomía, sexo, género, orientación, creencias…, han sido esgrimidas como razones válidas para segregar. Las personas LGTBI+ de esto sabemos mucho. Hoy la discriminación va más allá de las personas y se ejerce también sobre un nuevo sujeto. Las familias LGTBI+. Nuestras familias.

El matrimonio igualitario dio cuerpo y forma a nuevas realidades, a nuevos modelos familiares. Que las personas LGTBI+ fundásemos familias, que fuésemos madres y padres y xadres, era impensable cuando Stonewall se levantó. Hoy, en toda Europa, el asociacionismo familiar se extiende vigoroso y dispuesto a dar la batalla donde sea menester y ante quien sea menester.

En la Declaración Universal de los Derechos Humanos se dice que «La familia es el elemento natural y fundamental de la sociedad». Es la célula básica de la sociedad humana.

Una sociedad que, en cuanto organismo vivo, necesita de la diversidad para un mejor y más sano funcionamiento.

¿Se puede plantear un cuerpo humano en el que todas sus células sean idénticas y funcionen con igual cadencia y de igual manera? Sí, claro que sí. Pero sería una masa amorfa de carne, viva pero sin ningún aliento vital.

Las familias LGTBI+ enriquecemos la sociedad y demostramos que respeto y dignidad son algo más que un concepto abstracto.

Que es, justamente, lo que el absolutismo teme más.

No es casual que, cuando los extremistas tratan de revertir derechos LGTBI+, la familia sea objetivo prioritario. No es de extrañar que, cuando en una Comunidad Autónoma se habla de Consejerías, surja la disyuntiva entre hablar de Familia o de Familias. Con la S como clave de todo. La S de diversidad.

Para los grupos que nos niegan, las familias somos peligrosas, muy peligrosas. Porque somos tejido social.

Estamos en las guarderías, en las escuelas y los institutos. Formamos parte del AMPA o llevamos los fines de semana a una patulea de chavales y chavalas a jugar al baloncesto en liguillas entre colegios. Nuestras hijas e hijos y los hijos e hijas de otros juegan, corren, crean pandillas, asisten a fiestas de cumpleaños, van a casas de compañeras… Todo lo cual nos hace visibles. Muy visibles. Y normales. Muy normales. Mucho más normales que quienes viven desde la rabia para el rencor.

Somos peligrosas porque el discurso del odio es difícil que cale cuando se nos ve, cuando se nos conoce y reconoce. ¿Cómo cuentas a la gente que no somos familia o que damos malos ejemplos, cuando formamos parte de sus vidas y compartimos una cerveza mientras hablamos de problemas, miedos, proyectos e ilusiones comunes?

Somos peligrosas porque nuestro activismo es incontestable. Porque es una actitud y una visibilidad las 24 horas del día, los 365 días del año. Porque ni un solo segundo dejamos de ser madres y padres y xadres. Porque se nos mira, se nos escucha, se conoce a nuestras hijas e hijos y transformamos nuestro entorno aunque nuestro entorno no quiera.

Somos peligrosas por lo que somos. Por ser Familia

Y somos fuertes. Mucho. Porque nuestra fuerza emana del más poderoso de los principios: El amor.

———————————–

Paseo del Prado. Madrid. 6 de julio de 2019. 8 de la tarde.

Gentes, risas, color, música, pistolas de agua, niñas y niños jugando…

Las familias avanzamos en medio de aplausos y gritos de aliento. En nuestras manos, en pancartas y camisetas hay un eslogan. Uno que transforma el lema oficial. El “Mayores sin armarios. ¡Historia, lucha y memoria!” ha pasado a ser “Familias sin armarios. Presente, lucha y futuro“.

Avanzamos sabiendo que el futuro será nuestro.

Pese a quien pese.

Con mucho Orgullo.

————————————-

En Andalucía ha ganado la S y la consejería se llama Consejería de Salud y FamiliaS

Pero no bajemos la guardia.

Nunca.

por PEDRO FUENTES

   

Revista LOEV dirigida al público gay (LGBT), perteneciente a la consultora gay Grupo EGF

También puedes seguir el trabajo de nuestra revista LOEV en la web www.LOEV.es 

 

Deja un comentario

  • Para un uso responsable, los comentarios serán moderados por el administrador y sólo se aprobarán los que tengan datos fiables de su origen y contenido
  • Todos los campos son obligatorios
  • *Máximo 1000 caracteres

Suscríbete a nuestro Newsletter