Miriam Ruiz, la pesadilla de una madre Trans ante un caso de secuestro parental

Revista LOEV / Editado por REVISTAS 4U / por Carolina Laferre

 

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LA HISTORIA

* MIRIAM RUIZ está haciendo todo lo que está en sus manos para recuperar a sus hijos, entrando en un territorio de guerra en busca de la legalidad no reconocida por ser mujer transgénero.

Miriam Ruiz, es una persona abierta y sociable que se ha involucrado en movimientos sociales de todo tipo. Estaba viviendo la vida que siempre había imaginado; consiguió ser madre de dos hijos, tenía un esposo solidario al que conocía desde la infancia y con el que formó una familia bien avenida, y ejerce una carrera exitosa como ingeniera de software en la afamada marca de automóviles BMW. Pero, de repente, la vida de Miriam se ha convertido en una pesadilla inimaginable, que implica un colapso matrimonial, una batalla por la custodia y una ex-pareja cuyas motivaciones no están del todo claras.

Los mellizos Aiden y Skye, nacidos de una gestación subrogada, no han regresado a casa desde el 30 de Noviembre de 2017, justamente días antes de celebrarse la vista para tramitar su adopción. Su ausencia ha dejado un agujero en la vida de muchas personas, y en el centro de todo -con el corazón roto pero decidido- está su madre, que evidentemente no se detendrá ante nada para recuperar a sus hijos.

De todos es sabido que, en los últimos años, ha habido un incremento en los casos de secuestros parentales. Tras una ruptura, muchos optan por apoderarse de sus hijos sin permiso de la pareja. En la última conferencia de Malta, celebrada en 2015, se reunieron países firmantes del Convenio de la Haya de 1980 -y otros aún no adheridos- con el objetivo de trabajar en la mediación y en acuerdos bilaterales que permitan la restitución del menor del modo más ágil posible. Por otro lado, el secuestro de los hijos por un progenitor se castigará hasta con cuatro años de cárcel, según la reforma del Código Penal que entró en vigor en nuestro país a partir del año 2002, y en donde se permite que se dicte orden de búsqueda y captura internacional contra el sustractor del niño. También se establece la posibilidad de prohibir cautelarmente la emisión de pasaporte para los pequeños con riesgo de secuestro.

Es fundamental aclarar que los padres contratantes de la gestación subrogada en Ucrania, lugar donde nacieron los pequeños, aparecen en el certificado de nacimiento como los padres biológicos. Sin embargo, el secuestro parental por el aún todavía marido no está contemplado en España, porque el estado no la reconoce como madre “legal”. Precisamente, en este vacío legal, es donde Miriam está encontrando reticencias de incluso la propia policía, para iniciar esa búsqueda de sus hijos. La Fiscalía argumenta y se opone a que Miriam Ruiz los recupere, dado que llevan cuatro meses sin saber de ella y, según parece, se entiende que ya hay “desapego”.

El proceso de gestación subrogada comenzó oficialmente en mayo de 2016, concluyendo un año después con el nacimiento de los niños. Miriam solicita saber dónde se encuentran sus hijos y poder volver a verlos, desde el reconocimiento de sus derechos como su madre. Miriam sostiene que siempre tuvo el deseo de ser madre. Ante su imposibilidad de tener hijos por ser mujer transgénero, el proceso de gestación subrogada era una de las opciones para cumplir su sueño.

 

ENTREVISTA

LOEV MAGAZINE: ¿Ha habido algún cambio en el proceso en todo este tiempo? ¿Puedes adelantarnos en qué punto de inflexión te encuentras?

MIRIAM RUÍZ: Tras el varapalo del juicio en Primera Instancia, hemos recurrido la sentencia y estamos esperando a ver. La justicia en estos casos es extremadamente lenta. Varios meses, o unos años, que para el sistema judicial no son nada, para un niño es media vida, y para su madre es un sufrimiento inimaginable. A nivel tanto personal como judicial, de momento estamos a la espera de que se resuelva el recurso que hemos presentado, así como de intentar localizarlos y ver en qué condiciones se encuentran.

Desde que secuestraron a mis hijos, Aiden y Skye, el 30 de noviembre de 2017, no los he podido volver a ver. Antes de eso mi vida giraba en torno a ellos, ya que yo era quien les cuidaba y jugaba con ellos casi todo el día, y su figura principal de apego. Cortar este vínculo de una manera tan brusca supone un daño importante, tanto para ellos como para mi, que evidentemente no va a sanar hasta que nos podamos volver a reunir.
No sé ni cómo, ni dónde, ni con quién están mis hijos. Ni cómo están siendo tratados, ni si están siendo criados en condiciones adecuadas. Estar escondidos en algún lugar recóndito para que no les encuentren no es bueno para los bebés, que tienen que salir, respirar aire fresco, que les lleguen los rayos de sol, ir al pediatra, etc. Como le pasaría a cualquier madre, el no saber como están mis hijos me desgarra por dentro.

LOEV: ¿Madre y Padre son sólo términos sociales?

M.R: Las madres y los padres son las figuras de referencia principal de los hijos. Son quienes les proveen de todo lo necesario para desarrollarse plenamente como personas, tanto a nivel de necesidades puramente fisiológicas como emocionales. Apego, amor, cuidado, cariño. Madre y padre son términos que designan los puntos de anclaje mas importantes de los niños y niñas, y que van a condicionar en gran parte cómo se desarrollen en la vida. La Declaración Universal de los Derechos Humanos afirma tajantemente que “la familia es el elemento natural y fundamental de la sociedad”. Puesto que los padres y madres son, para los niños, este elemento clave, es obvio que su función social es extremadamente importante. En muchos casos este papel de padres o madres puede estar ligado a compartir cierta información genética, pero en muchos otros casos no lo hace (por ejemplo en el caso de donación de óvulos o esperma, en adopciones o en gestación subrogada), y eso no hace que sean menos padres o madres.

LOEV: ¿Es difícil imaginar que se pueda secuestrar a un hijo como base para desafiar un matrimonio?

M.R.: El secuestro de un hijo es lo peor que le puede pasar, tanto a una madre o a un padre, como al propio hijo. Los niños y niñas no son juguetes, son personas con derechos propios, con necesidades propias, y que además son especialmente vulnerables. Secuestrar a un hijo destroza totalmente a una madre, como es mi caso. Pero, además de hacer esto (que es posiblemente la intención del secuestrador), también les está haciendo mucho daño a ellos. Al hacerlo, además, no solo le está privando a los menores de su madre, con lo importantísimo que ello es para su desarrollo, si no que les está aislando de la mitad de su familia (abuelos, tíos, primos, etc.), a los que también tienen derecho, y que cubren también unas necesidades sociales y emocionales esenciales.

Desde luego, es difícil de imaginar que la persona con la que te has casado, a quien querías, en quien confiabas ciegamente, haga algo como lo que ha hecho el padre de mis hijos: preparar su secuestro de forma premeditada y alevosa varias semanas antes, comprar discretamente los billetes de avión, sabotear intencionadamente el router el día antes para evitar que pudiera quedarme en casa teletrabajando, y todo eso manteniendo una fachada de mentiras todo el rato. Nunca imaginas, cuando te casas con alguien, que esa persona no es la que pensabas, que tenía toda esa maldad y mentiras por dentro, que sería capaz de hacer algo así, que tendría la frialdad y falta de valores como para dañar a sus propios hijos de esta forma. No, es algo que no te esperas.

LOEV: ¿El padre de los niños tenía conocimiento de las dificultades que podrías encontrar para recurrir legalmente a la justicia?

M.R.: Lo desconozco, porque no he recibido ninguna explicación por parte ni de él, ni de su familia, ni de su entorno, pero imagino que sí. El atraso que existe en la legislación española y europea en la protección de nuestros hijos hace que exista un tiempo, que puede ir desde unos meses a unos años dependiendo de lo lenta que vaya la justicia, en la cual el padre tiene todos los derechos sobre los menores nacidos por gestación subrogada, y nosotras ninguno. Como en los peores tiempos del patriarcado, vamos.

Durante este tiempo, independientemente de que el certificado de nacimiento de mis hijos diga claramente y con rotundidad que yo soy la madre biológica, la legislación española no lo reconoce. Esto hace que tanto nuestros hijos, como nosotras las madres, tengamos menos derechos que los demás, ya que son castigados por la forma en que han nacido. No es el primer caso que se da de un padre que aprovecha esta situación de superioridad legal y, actuando a mala fe, se opone a que se reconozca la maternidad de la madre. Eso le sirve, por ejemplo, para secuestrarlos impunemente, como es mi caso, o incluso para forzar a que la madre no pueda dejarle nunca, porque si lo hiciera perdería a sus hijos.

Estoy segura de que el padre era perfectamente consciente de la situación de privilegio legal que nuestra legislación da a los varones, ya que lo primero que hizo nada mas secuestrarlos, la misma mañana siguiente, fue ir al notario a oponerse al procedimiento de adopción que él mismo había firmado apenas 30 días antes.

LOEV: ¿Y en tu caso tenías ese conocimiento de dificultades ante la justicia? Porque sabiendo la situación en España, romper los estereotipos que abrazan toda clase de maternidad fue arriesgado desde el comienzo.

M.R.: No me imaginaba que iba a ser todo tan difícil. Esperaba que la justicia actuara con más rapidez y decisión para proteger a mis hijos. Porque, al final, son ellos quienes están sufriendo el mayor daño y la mayor vulneración de derechos. Sigo confiando en que al final la justicia defienda a mis hijos y a mi, pero el principal problema son los tiempos, porque cada mes, cada año que pasa para un bebé, es crítico.

LOEV: ¿Tiene que ver en todo esto el género? Hay una justicia “ambigua” en este sentido?

M.R.: Sin duda. Por varios motivos. En primer lugar, como ya he dicho, la falta de legislación adecuada favorece a los varones. Nosotras siempre estamos en desventaja por ser mujeres. A pesar de que ambos hemos recurrido juntos a la gestación subrogada, y todo ello ha sido de una forma perfectamente legal, la falta de una regulación adecuada en España “castiga” a las mujeres y “premia” a los hombres.

En segundo lugar, me gustaría pensar que las y los jueces no tienen prejuicios, pero lo cierto es que sí que creo que mi identidad sexual ha influido negativamente. Durante el juicio, toda la argumentación de la otra parte se basó en prejuicios y en insinuaciones tránsfobas. Estoy segura -porque además ya tengo una cierta experiencia vital al respecto- de que es algo que afecta muy negativamente en cualquier situación jurídica en la que me encuentre.

LOEV: ¿Desde el punto de vista de la justicia existen diferencias entre madre biológica y madre adoptiva en un proceso de gestación subrogada? ¿Cuáles?

M.R.: Durante un proceso de gestación subrogada, la fecundación se hace in vitro con un óvulo que no es de la gestante. En algunos casos es de la propia madre, en otros casos viene de una ovodonación anónima. La mujer gestante hace lo más bonito del mundo, que es ayudar a traer esta nueva vida al mundo, gestándola ella, pero los bebés que nacen no son biológicamente suyos, ni ella los reconoce como suyos, ni quiere que lo sean.

Según el certificado de nacimiento de mis hijos, yo soy su madre biológica. La legislación española, sin embargo, solo reconoce a la gestante como madre, con lo que se produce una situación de inseguridad jurídica para los menores, que merma sus derechos, ya que dependiendo de en qué país estén se les reconoce una madre u otra. La gestante no tiene ningún derecho sobre ellos en Ucrania, ni en otros países que sí reconocen el certificado de nacimiento como válido, ya que ella no es la madre.

Es indiferente que el óvulo sea propio o que haya sido donado: no existe un “test de maternidad”. La legislación española solo reconoce la filiación paterna.

LOEV: Irrumpiendo en el imaginario de la conciencia pública, ¿a quién quieres dirigirte especialmente?

M.R.: Creo que cualquiera que tenga hijos, sea padre o madre, puede entender mi sufrimiento. Creo que cualquiera que trabaje con niños y niñas sabe perfectamente lo importante que es la madre para los menores. Creo que a cualquiera que le preocupe la justicia social, sean asociaciones de mujeres, de protección del menor, de protección de los derechos LGTBI, etc., debería preocuparle la situación de desprotección que sufren nuestros hijos, que no son culpables ni tienen ningún “pecado original” que deban purgar por haber nacido así; y también debería preocuparles la injusticia que supone la falta de una regulación adecuada que garantice que las madres, al menos, gozamos de los mismos derechos que los padres, y no nos ponga en una situación de posibles abusos de la que no podemos escapar sin perder a nuestros hijos.

 

por CAROLINA LAFERRE
Directora de Transsocialmedia. Identidades 3.0. Cultura Trans

 

Revista LOEV dirigida al público gay (LGBT), perteneciente a la consultora gay Grupo EGF

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