PRIMERO FUE EL VERBO: La palabra, el brazo armado de la LGTBIfobia institucionalizada

 

20 Diciembre 2019 / por MAR ORTIZ / Grupo EGF / Fotos Nicholas Swatz 

* Artículo de opinión de MAR ORTIZ, psicóloga y activista DD.HH, sobre LGTBIfobia institucionalizada y los discursos de odio.

 

el brazo armado de la LGTBIfobia institucionalizada

 

Finalizando el 2019, creo que es interesante que hagamos una reflexión sobre el discurso de odio que se ha ido instaurando y proliferando y que ha dado sustento a una LGTBIfobia institucionalizada más agresiva. Y el problema es que cuando las instituciones justifican y alientan un discurso de odio, éste va calando de forma horizontal a otras instituciones y de forma vertical al resto de la sociedad.

El discurso de odio que hemos venido observando durante este año, recuerda otros momentos históricos donde una/s persona/s quisieron imponerse a todas las demás, y utilizaron la misma herramienta. Porque al principio fue el verbo. Al principio fue la palabra. Es la palabra la que transmite las ideas y crea las creencias, y según la fuente que emita esas palabras se generarán unos efectos u otros. Un gran poder, conlleva una gran responsabilidad… o no. El discurso de odio que he observado a lo largo de este año es un discurso irresponsable, de enardecimiento de las masas anestesiadas por otros discursos vacíos encaminados a la manipulación y a la pérdida del sentido crítico. Pan y circo.

 

el brazo armado de la LGTBIfobia institucionalizada

 

Ese discurso del odio, que se filtra a través de los mass media y las redes sociales facilitado por la impunidad del anonimato de internet, o legitimado detrás de medias verdades y completas mentiras disfrazadas de democracia, no es inocuo. Tiene muy graves consecuencias, y ahí radica su irresponsabilidad. Nada más hay que ver las noticias sobre acoso escolar a niños y adolescentes por razón de género, el aumento de suicidios de niños y adolescentes en consecuencia; el incremento de ataques homofóbicos que nos trasladan a los años más oscuros de nuestra historia, derechos y libertades que ya se consideraban afianzados se ven de nuevo cuestionados y agredidos. Todas estas consecuencias vienen de ese uso irresponsable del verbo. Y lo peor de todo, ayudan a generar ideas en el imaginario colectivo que finalmente acaban diluyendo la responsabilidad individual a favor de una irresponsabilidad colectiva.

Mujer, maricón, puta, bollera, sudaca, negro…. Primero fue el verbo.

El discurso del odio es un acto violento de penetración en la consciencia colectiva y a través de ésta en las consciencias individuales, cuyo objetivo es provocar un cambio molar forzado, artificioso, no natural, pero lamentablemente, efectivo a corto plazo. Se crea una legitimación inducida por el principio de influencia social llamado “lo que hacen todos”, el poder y la influencia de la mayoría… Si lo hacen todos, la responsabilidad individual se diluye, sus márgenes se difuminan, y las personas individuales pueden llegar a creer que aquello que se repite desde púlpitos de influencia es la “VERDAD”. A partir de ahí, todos podemos imaginar cómo se desarrollará la historia. Y lo sabemos, porque ya ha pasado. Y con consecuencias gravísimas. Si no queremos caer en los errores del pasado, ya vividos y ya conocidos debemos instalarnos en la responsabilidad, en el pensamiento crítico, en el yo qué puedo hacer para cambiar algo.

 

el brazo armado de la LGTBIfobia institucionalizada

 

El discurso del odio va dirigido a grupos sociales considerados (por otros grupos sociales) como minoritarios, débiles, desviados… en definitiva, prescindibles. Y he ahí el error. Desde que salimos de las cavernas, incluso antes, desde que salimos del barro primigenio, hemos evolucionado como especie y como entes sociales, y si algo nos demuestra la evolución, es que cambiar, adaptarse es bueno, porque es sinónimo de supervivencia.

El cambio natural, el que se mantiene en el tiempo, es el cambio molecular y ése es el cambio del que todas las personas somos responsables. Para cambiar el discurso del odio hay que generar amor. Amor por las personas, por los derechos individuales y las libertades públicas. Respeto y dignidad. Y para consolidar estos cambios contamos con las palabras, porque…

Igualdad, visibilidad, dignidad, respeto, convivencia, derechos, libertades… primero fue el verbo.

 

Mar Ortiz

Psicóloga. Activista de los DDHH

Help and Care Project

 

Un comentario sobre PRIMERO FUE EL VERBO: La palabra, el brazo armado de la LGTBIfobia institucionalizada

  1. Comentario por Veronica xx — 2 enero, 2020

    Nos enamoramos de las personas y aquello que no entendemos, nos asusta o se sale de lo establecido o estándar hasta el momento, tendemos a criticarlo o atacarlo.
    Nada como viajar para abrir la mente y darnos cuenta que en realidad somos todos muy parecidos.
    ¡Enhorabuena por el artículo Mar!

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