“Los Hijos de Putin”, generaciones intolerantes, sin criterio, adoctrinadas y manipuladas

15 Mayo 2018 / Grupo EGF / por MAR ORTIZ

* Artículo de opinión de Mar Ortiz -psicóloga, licenciada en Derecho y activista por los Derechos Humanos- sobre la homofobia institucionalizada en Rusia.

 

"Los Hijos de Putin", generaciones intolerantes, sin criterio, adoctrinadas y manipuladas

 

Estos días he visto imágenes tremendas de las acciones homofóbicas que tienen lugar cada día en Rusia. Parejas del mismo género que, por ir cogidas de la mano por la calle, son agredidas, insultadas, y separadas por la fuerza. Y la última aberración de Putin ha sido decretar por ley que personas del mismo género no pueden besarse en público. Esta injerencia del Estado sobre cuestiones tan personales e íntimas de las personas es excesiva, autoritaria y está creando una homofobia, que, seamos realistas, no está pensada para el corto plazo. Porque el problema es que las personas que se dedican a insultar y agredir al colectivo LGTBI en Rusia, van a transmitir esos prejuicios y esas actitudes a sus propios hijos y éstos a los suyos. Los hijos de Putin. Generaciones de personas intolerantes, agresivas, ignorantes, sin criterio, adoctrinadas y manipuladas.

Esos van a ser los peligrosos hijos de Putin. Lo que está haciendo este señor en su patria es espeluznante. Ahora se prohíbe los besos en público, pero ¿qué será lo siguiente? Parece que actualmente las personas LGTBI rusas solo pueden manifestar sus afectos y desplegar su personalidad en la seguridad de sus casas. Pero, yo me pregunto ¿hasta cuándo?, cuánto tiempo tardará este señor en dictar una ley que permita la patada en la puerta cuando dentro de un domicilio se sospeche de la realización de “actividades homosexuales”, y después ¿qué?, ¿guetos?, ¿distintivos?, ¿detenciones?… esto no tiene fin. Y eso es lo preocupante.

Porque lo que no me explico es quién se cree que es este señor. Da la sensación de que se cree heredero directo de los Romanov. Se ha erigido como el nuevo zar de Rusia. Lejos queda ya la revolución bolchevique y  los principios primigenios del marxismo, la madre Rusia ha degenerado en un estado policial, muy próximo al stalinismo más radical y más perverso.

¿Qué mayor perversidad que hacer que la gente de la calle, adoctrinada, y encarrilada como un rebaño de ovejas zombies, se sienta como policía moral, y sean ellos mismos los que fiscalicen a base de violencia los comportamientos “moralmente aceptables”?

Esta era la política de Stalin: cualquier persona debía denunciar cualquier acto en contra de la madre patria, de la política establecida y el statu quo. Esto dio lugar a denuncias de vecinos contra vecinos, hijos contra padres… Y ahora da la sensación de que hacia eso vamos de nuevo, pero ahora para defender lo “moralmente bueno”, según el criterio de Putin.

Y lo más espeluznante de todo, ¿qué hace la comunidad internacional al respecto?  Pues, nada. Y no solo nada, sino que de alguna manera la Rusia de Putin se ve “premiada” con la organización del Mundial de Fútbol, evento deportivo de dimensiones mundiales, que le reportará interesantes beneficios económicos, y una visibilidad global. Todo esto encima, beneficiará la imagen pública de Putin dentro de sus fronteras.  Y mientras tanto, aunque los activistas LGTBI rusos ganan juicios en el Tribunal de los Derechos humanos cuando sus libertades se ven quebrantadas, todo se queda ahí, porque al final, nada cambia.

Se podría pensar que el hecho de organizar un Mundial de Fútbol da la oportunidad de que, al contar con presencia de prensa extranjera, podría ser una ventana abierta al mundo para que se pudiera potenciar, o al menos denunciar la falta de visibilidad del colectivo LGTBI, de la restricción de derechos y de las libertades reprimidas. Yo personalmente, tengo mis dudas al respecto. Si echamos un vistazo a la Historia, podemos recordar las Olimpiadas de 1936 en Berlín, con el atleta norteamericano Jesse Owens (primer atleta negro) haciendo un sprint increíble delante de Hitler. Aquello pareció marcar un antes y un después… o no. Actualmente deportistas de élite, como la patinadora sobre hielo Surya Bonaly, se sigue viendo discriminada por mujer y por negra. Así que… a los hechos me remito.

Tal vez lo necesario sea una Tercera Revolución Rusa, ya ocurrida la revolución bolchevique, y la revolución de la Perestroika de Gorbachov, tal vez lo único que quede sea una revolución social, que surja de las personas, que rompa con los adoctrinamientos, que lleve la democracia real a la madre Rusia y que por fin la dejen entrar en el siglo XXI. Porque alguien va a tener que decir “basta”, alguien va a tener que decir “ se acabó”, y si eso no lo hace la propia gente, nadie lo hará.

 

por MAR ORTÍZ FERNÁNDEZ
Psicóloga. Activista de los DDHH

 

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