Entrevista al escritor Pedro Víllora

Resumen de artículo publicado en nuestra Revista Digital EGF AND THE CITY

Edición Número 7 – Enero  2014 – Página 32

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“Me interesa el mundo de los afectos, de cómo se ama y se es amado”

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El VIII Premio del Espectáculo Teatral nos ha devuelto a Pedro Víllora que llega de nuevo a las librerías y a las bocas de todos los que aman el teatro. Con motivo de esta obra de título sonoro y amenazador: “Poderosas” aprovechamos para entrevistar a este autor que seduce a los jurados tanto como al público, que se atreve con los temas LGTB sin encasillarse en ellos, que siempre nos deja pensando, pensando…

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Entrevista al escritor Pedro Víllora

Entrevista al escritor Pedro Víllora perteneciente a la 7ª edición de la revista EGF and the City

EGF and the City: ¿Te gusta hacer pensar al público? Creo que hubo un autor dramático que con fina ironía aseguró que pensar “perjudica seriamente la razón”.

Pedro Víllora: En tal caso, peor para la razón. Lo que me gusta en realidad es trabajar con las emociones. No entiendo qué es pensar sin sentir. Me interesa el mundo de los afectos, de cómo se ama y se es amado. Por eso una obra como “Poderosas” muestra a la gente con poder en ámbitos de familia y amistad, porque uno puede ensoberbecerse porque puede dar órdenes en el trabajo, pero luego tiene que afrontar en el contacto con las personas cercanas si está a gusto consigo mismo, si se ha convertido en la persona que quería ser.

EGF: ¿Te fascina el tema del poder? ¿Son todas las relaciones, profesionales y personales, en el fondo o en la forma, relaciones de poder?

PV: Creo que hay personas más capacitadas que otras para ejercer el poder porque son más rápidas, más ejecutivas, tienen mayor visión de conjunto, prevén… Es una virtud como cualquier otra. Es el uso que demos a esa capacidad donde radica el peligro. Y aún peor es querer ocupar el espacio del poder cuando no se es bueno en ello. En “Poderosas” se contrasta el poder en lo público y en lo privado, y se plantea que lo que parezca conveniente desde la frialdad de la lógica puede no ser lo mejor desde un punto de vista emotivo y personal. El poder debe atender a lo afectivo para no desvincularse de lo humano.

EGF: El poder genera desconfianza, los poderosos desconfían de los que no lo son porque pueden querer arrebatarles ese poder; los que no lo son temen que el ejercicio del poder sea en su detrimento. ¿No es la desconfianza un elemento base de la sociedad occidental actual? ¿No generan la publicidad, el periodismo, la política una continua falta de seguridad, una sensación de engaño permanente?

P.V: El mundo se ha vuelto escéptico y descreído. No hay referencias ni verdades incuestionables. Todo se pone en duda y se iguala. Se dice que cualquier opinión es digna de respeto al margen de su contenido, con lo que podemos llegar a justificar todo lo imaginable. Nos cuesta relacionarnos cuando hemos olvidado un lenguaje común, cuando ya no operamos con conceptos similares y compartidos. Llamamos crisis económica a lo que es una crisis de valores. Dejamos que la economía y la política nos guíen y opriman, olvidando que son ellas las que deberían estar a nuestro servicio y no al revés. Incluso lingüísticamente, les hemos dado una importancia que no merecen. Vivimos en la frustración porque ya no sabemos a qué futuro dirigirnos, con lo que el presente se nos vuelve agónico.

EGF: El lenguaje del diálogo es un equilibrio complejo si quiere resultar verosímil, es como una caja con trampa. Para guardar o mostrar un contenido con valor de joya o tesoro a veces es preciso simplificar el cristal de sus paredes… pero si se simplifica demasiado el contenido se empobrece o parece carecer del valor que en sí tiene. ¿Cómo equilibras la balanza?

PV: Cuando Brecht decía que la principal misión del teatro es entretener dejaba claro que un teatro aburrido jamás alcanzará su objetivo. Por eso he querido que “Poderosas” tuviese un diálogo aparentemente fácil, en el que no se dijese nada que no se pudiese entender. Pero al mismo tiempo he intentado que fuese preciso y sutil. Los personajes se dicen cosas durísimas, pero lo hacen con cierta elegancia e ironía

EGF: En “Poderosas” hay siete personajes. Cinco mujeres y dos hombres. Cuatro de las primeras se “descubren” lesbianas por lo que dicen, a veces también por lo que hacen. Uno de los dos personajes masculinos también hace referencia a sus gustos por otros hombres. ¿Hay muchos personajes y dramas homosexuales en la escena actual? ¿Por qué este amplio porcentaje si el tema parecía ser el poder? ¿Hay algo que tenga que ver con el poder de o sobre las minorías?

PV: No sé qué responder. ¿Hay muchos personajes y dramas heterosexuales en la escena actual? Es casi inimaginable que se pregunte a un autor por qué hay tantos personajes heterosexuales en una obra determinada. Si los míos son homosexuales es por una cuestión de poder: porque puedo hacerlo. El poder es la capacidad de hacer, y uno puede contribuir a cambiar las cosas con sus acciones. En la obra no son poderosas porque sean homosexuales: son poderosas y algunas, además, homosexuales. Como en la vida.

EGF: Todos esos personajes del colectivo LGTB se muestran sin ningún tipo de miedo o reparo frente a otros como tales, la mayoría de las veces su círculo íntimo, pero en el caso de la periodista es con gente desconocida, incluso importante. ¿Crees que avanzamos hacia esa normalidad?

PV: No me gusta que en las obras aparezca un homosexual para dar sensación de que se está apoyando a las minorías. En “Poderosas” los personajes son lesbianas o heterosexuales con toda naturalidad, porque lo son y basta. En el teatro no solo podemos mostrar cómo es el mundo, sino cómo podría ser. Y en mi mundo ideal la sexualidad no es cuestionable. De hecho, el hombre homosexual de la obra tiene el oficio de diseñador para que pueda plantearse en la escena con su mejor amiga la ironía de representar socialmente un cliché.

 EGF: Tengo la sensación de que el poder con el que manejas la palabra es grande. En apenas quince páginas haces que el lector/espectador pase de detestar a un personaje que parece cínico a comprender su situación peculiar, o incluso a admirarlo al pasar, por amor, a un tono comprensivo. ¿Cómo vives ese poder de “manejar” la percepción?

PV: La dificultad de escribir teatro estriba en la necesidad de hacer avanzar la acción por medio del diálogo. No hay un narrador que te condicione un punto de vista sobre los hechos, sino que todo se debe presentar ante el espectador o lector sin mediación aparente. Se mantiene el interés por medio de una intriga, que no tiene por qué ser la resolución de un gran misterio, sino que basta con mostrar la evolución de un personaje a la vez con lógica y sorpresa. Conseguirlo no es solo el poder del escritor: también es su obligación y su oficio. Creo que para escribir no basta con querer hacerlo, sino que uno debe intentar conocer lo mejor posible sus herramientas, y hay pocas herramientas tan esenciales para un escritor como la palabra.

EGF: ¿Crees que todo el mundo es bueno? Lo digo porque tengo la impresión de que la humanidad de los personajes se hace patente en la tentación de la periodista de hacer un reportaje sensacionalista; o en el ataque de división o resistencia a la pérdida de poder de una Directora de un organismo público de cultura… pero al final se impone el buen criterio, la llamada del ex-subordinado preocupándose por la salud. Es como si el poder generasen una costra de frialdad que se derrite un poco cuando se está cerca de personas que lo quieren a uno… como si esas mujeres poderosas buscasen el amor de los suyos para poder descansar de su propia máscara. ¿Busca el ser humano en el fondo sólo el amor? ¿Sólo el amor salva… del poder, de la tentación, del miedo, de la muerte?

PV: Me gusta imaginar un mundo donde la gente sea buena y no mezquina. Dado que eso no existe en la vida, al menos puedo construirlo en el teatro. No en todas mis obras, pero en “Poderosas” sí. Todas estas mujeres y los hombres que las acompañan tienen razones y sentimientos. Se equivocan, ofenden a los otros, se dejan llevar por arrebatos, pero en algún momento lo reconocen y rectifican. Ponerte en el lugar del otro es empezar a verlo con comprensión, con afecto, quizás amor.

EGF: Tres escenas y una meta-escena de muy breve extensión. ¿Son como los tres actos del teatro clásico? ¿Es una versión contemporánea de un formato ya cristalizado?

PV: Vivir el presente no significa rechazar el pasado. Me gusta mucho en el arte el diálogo con las obras del ayer. El teatro clásico tiene aspectos de elegancia y buen hacer en su construcción y su manera de presentar personajes que me apetecía recuperar.

EGF: Tennessee Williams y su gata o la flor de José María Rodríguez Méndez son dos ejemplos de obras donde lo LGTB toma el escenario. ¿Qué otras nos recomiendas?

PV: “Las heridas del viento” de Juan Carlos Rubio, “Clift (Acantilado)” de Alberto Conejero, “La playa de los perros destrozados” de Nacho de Diego, “Levante” de Carmen Losa, “Cuando fuimos dos” de Fernando J. López, “Madre amantísima” de Rafael Mendizábal, “La sombra de Narciso” de José Cruz, “Praga” de Javier de Dios, “Creep” de Doriam Sojo… Aunque amo el teatro clásico, me encanta leer y ver teatro actual. El teatro español contemporáneo tiene grandes autores comprometidos con su propio tiempo y circunstancias.

EGF: ¿Por qué crees que lo LGTB ha de tomar las tablas? ¿Qué aporta de especial?

PV: Si lo LGTB se refiere a los creadores, no es que tengan que tomar las tablas: es que no las han dejado en los últimos 2500 años. El de las artes escénicas ha sido un espacio fecundo de homosexualidad a lo largo de la historia. Como, pese a ello, parece que el público o el poder no se han querido enterar, no está mal que las formas diversas del sexo y del amor alcancen ahora también a los temas y argumentos.

Redactor Guillermo Arróniz

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